martes, 18 de diciembre de 2007

EDUCACION, LENGUAJE Y SOCIEDAD.


El mandato político de la educación radica en la posibilidad de formar sujetos críticos capaces de intervenir en el mundo para transformarlo. Con este argumento Pablo Freire propone que “enseñar no es transferir sino crear las posibilidades para su producción o construcción (Freire, 1999:24), lo que le permite a los sujetos desarrollar la curiosidad epistemológica dejando de lado la educación bancaria, aquella que aumenta los niveles de domesticación al texto y la cultura.
[...] los aprendizajes relevantes en los alumnos sólo tendrán lugar cuando la cultura experiencial de los sujetos sea el punto de partida para la construcción de los aprendizajes propuestos por la cultura académica.

Si se sostiene que la comprensión humana es sinónimo de explicación académica y crítica, la función primordial de la escuela es la educativa. Para Pérez Gómez (1998) esta función se plantea cuando “todo el conjunto de materiales, conocimientos, experiencias y elaboraciones simbólicas , es decir, la cultura académica , sirva para que cada individuo reconstruya conscientemente su pensamiento y actuación, a través de un largo proceso de descentración y reflexión crítica sobre la propia experiencia y la comunicación ajena” (1998: 57). Provocar la reconstrucción de sus esquemas habituales implica aprendizaje significativo, relevante, capaz de ser usado porque es comprendido. Esa comprensión viene de la mano de presentarle los saberes próximos a su vida cotidiana, en contacto con el objeto de estudio, en situaciones contextualizadas.
Texto completo en http://www.google.com/search?q=cache:NCRYSa5vIAEJ:www.fchst.unlpam.edu.ar/investigacion/CELS_circular1.pdf+EDUCACION,+LENGUAJE+Y+SOCIEDAD.&hl=es&ct=clnk&cd=11&gl=ar